” Y, cuando aparezca el Pastor Supremo, recibiréis la corona de gloria que no se marchita “. 1Pe 5,4

PRELIMINAR

La Providencia divina tiene dispuestos múltiples medios para llevar a los hijos de Dios al conocimiento de su plan de salvación para los hombres. Es algo que va unido sustancialmente a su infinita misericordia. Hoy día circulan muchos supuestos mensajes venidos de lo alto. Incluso es doloroso constatar que son más los falsos que los verdaderos. Toda cautela es poca. Es necesario cerciorarse, porque sin incitar a la maldad directamente, nos desvían del camino o nos impiden avanzar. En casi todos los casos se trata de exhortaciones piadosas y de una espiritualidad aparentemente no desviada. Pero nadie quiere engañarse y tomar por sobrenatural lo que es obra del espíritu humano, y que en vez de llevarnos a Dios nos ponga alguna traba para ir a Él

Pero también hay mensajes verdaderos que nos remiten a la Palabra de Dios y que su contenido coincide con la Voluntad de Dios expresada en la Escritura y en la Tradición y Magisterio de la Iglesia. Esto nos exige un examen cuidadoso de los mismos. Sería lamentable que, por temor a equivocarnos, no escuchásemos los mensajes que Dios se ha dignado darnos en su benevolencia. Ciertamente no son necesarios para nuestra salvación, pero suponen una gran ayuda en nuestro itinerario.

La Palabra de Dios nos ofrece un medio sencillo de averiguar si un profeta es verdadero: “Cuando un profeta hable en nombre del Señor y no suceda ni se cumpla su palabra, es una palabra que no ha dicho el Señor: ese profeta habla por arrogancia, no le tengas miedo.” (Dt 18,21-22). Es el examen definitivo. Pero en la práctica presenta sus dificultades. No es fácil que todos perciban la coincidencia entre tales palabras del mensaje y tal suceso ocurrido posteriormente. Sin embargo podemos aplicarlo de un modo más personal y quizás más incisivo: si he notado que hay palabras en dichos mensajes que se me graban provechosamente para mi meditación, o que me aclaran dudas que tenía –alguna pregunta que le hacía al Señor y la respuesta me vino por el mensaje-, o que me da paz y lo espero con anhelo espiritual el nuevo que ha de venir… Pues entonces parece que puede concordar con eso de ser profeta verdadero. Evidentemente este dato o comprobación personal no es probatorio, ni definitivo. Es simplemente un acercamiento hasta que podamos tener alguna aclaración de más peso.

Por otra parte, conviene tener presente que las citas bíblicas que van a pie de página no forman parte del mensaje, sino que son un añadido posterior: son sólo ilustrativas e indican una concordancia textual entre el mensaje y las mismas. Pero no se pretende demostrar o interpretar la Palabra de Dios a la luz del mensaje.

Al poner a disposición estos mensajes de todo el que quiera conocerlos se hace con la confianza de que un día gocen de alguna aprobación eclesiástica y en el sometimiento al juicio de la autoridad de la Iglesia en cuanto a su origen sobrenatural, pero con la persuasión de que no contienen nada que vaya en contra ni del dogma, ni de la moral de la Iglesia. De momento están acogidos al decreto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe (AAS, 58, nº 16, de 29-12-1966) aprobado por el Beato Pablo VI permitiendo la publicación de escritos de esta índole. Ojalá contribuyan a la nueva evangelización que el Papa Francisco nos propone incansablemente.

El director espiritual de Isabel