“Mensajes de la Misericordia del Corazón Santo de Jesús” INTRODUCCIÓN

Mensajes de la Misericordia del Corazón Santo de Jesús

Mensajes de la Misericordia del Corazón Santo de Jesús (M24,244)

Después de haber recibido de nuestro Señor tantas bendiciones por invitarnos a considerar nuestra situación real ante su mirada de Padre, y los planes que Él desde siempre tenía dispuestos para hacernos partícipes de su naturaleza divina, ─aunque esa participación tuviese que pasar por la purificación de toda la humanidad y el compartir la pasión de nuestro Señor─, no podíamos imaginar que seguiría dispensando misericordia tras misericordia, cuando tan poca atención y arrepentimiento mostramos. Pero el Señor no abandona a sus hijos. No quiere se pierda ninguna de sus ovejas. Y todas son suyas, con tal que quieran ir tras Él y no tras otros dioses.
Los Mensajes del día siete forman un bloque compacto y con características comunes, pero ese ciclo quedó completo. Y si bien a Isabel le prometió que todos los meses le daría un mensaje, no se entendía que hubiese de seguir el compromiso por parte del Señor de dictarle en el día siete, ni por parte de su hija tener que difundir los que no formasen parte de ese grupo del día siete. Cuando buscábamos un nombre para esta nueva dispensación de su amor no sabíamos qué nombre dar a los nuevos mensajes, no queriendo introducir algo de nuestra cosecha. Y el Señor le comunicó a Isabel el nuevo nombre. Pero ese nombre ya le era familiar: sólo faltaba localizar dónde lo dio el Señor y la expresión exacta tal como había sido comunicada. Y enseguida se vio que tanto en el Mensaje 18 (Mensajes de la Misericordia de Dios) como en el 24 se daba ese título a los Mensajes, aunque un poco más desarrollado en el 24 (Mensajes de la Misericordia de Mi Corazón Santo).
Pero hay algo que viene de más lejos en la ya fecunda historia de estos mensajes. La Misericordia divina estaba en el origen de su plan amoroso mucho antes. Y además fue como la señal más clara del sello divino: haber profetizado meses antes el «Año de la Misericordia» instaurado por el Papa Francisco en marzo del 2015 en los Mensajes 3 y 4. Y a estas alusiones explícitas en los Mensajes hay que añadir lo que recibió en su oración Isabel: el Señor quiere se agradezca este Año de la Misericordia y se pida para que sus frutos perduren, y también se pida perdón y se repare el no haber aprovechado mejor la gran oportunidad que supuso esta Misericordia del Señor con su pueblo santo.
Por tanto, en adelante esta comprensión de todos los Mensajes bajo la perspectiva del Amor misericordioso del Señor nos hace englobarlos a todos en una comprensión que, sin dejar de apreciar lo específico de unos y otros, queda al descubierto nuestra torpeza cuando nos parecía que los nuevos nada aportan, pues ya estaba todo dicho.
Cuando uno ama a una persona profundamente no se cansa de escucharla, de admirar sus cualidades, los matices más sutiles de sus manifestaciones de amor. Esto es sobre todo lo que debemos admirar en los Mensajes. No tanto las noticias o cosas nuevas que podamos aprender a través de sus revelaciones. Lo realmente importante es la cercanía de Dios que sale al paso de nuestro desvalimiento. Y necesitamos que el Señor aumente nuestra fe.
Nuestro Salvador nos prepara para lo que va a suceder, y eso que ya estaba dicho una y otra vez a lo largo de toda la Sagrada Escritura. Pero los hombres hemos perdido el contacto íntimo con la Palabra, debido a que es muy escasa nuestra lectura orante de la misma y no menos por razón de la exégesis bíblica racionalista que hoy impera. Para ésta todo lo que se refiere a la escatología es simbólico, misterioso e imposible de traducir en nada concreto para nuestros días. Por eso el Señor tiene que acudir a gente sencilla para hacerse oír y decirnos el mensaje que se contiene en su Palabra, ante la urgencia de conversión previa, ya que se cumple en nuestros días. Su Palabra es válida y aleccionadora en toda la historia de la Salvación, pero hay determinadas palabras que además relatan acontecimientos históricos, bien sean pasados o futuros. Eso es innegable, y sin embargo hay maneras muy efectivas de hacer pensar lo contrario a quienes tienen incluso una considerable cultura teológica.
Si los reclamos de todo tipo para aceptar un pensamiento único nos asedian por todas partes, incluso en el campo teológico y eclesial, no procedente de la voluntad de Dios, sino de corrientes ideológicas, ¿no es un privilegio poder contar con una fuente incontaminada en estos Mensajes de la Misericordia del Corazón Santo de Jesús? ¿Cómo agradecer que el Señor se siga comunicando, cuando el legado de los 37 Mensajes del día siete era ya un derroche de misericordia impagable? Subyace pues un Mensaje sublime en estos nuevos: No quiero olvidéis los mensajes que os he dado, y os hablo para que volváis a ellos y los apliquéis a vuestra vida. No os dejaré huérfanos; os acompaño hasta la última etapa por la que la Misericordia de vuestro Padre disponga tengáis que pasar.

El director espiritual de Isabel
Noviembre 2017